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"Sí, y..." - El Mantra del Improvisador para la Vida



El principio de "Sí, y..." es una piedra angular en el arte de la improvisación. Cuando estás improvisando, rechazar ideas no es una opción porque detiene la historia en seco. La improvisación prospera en construir, crear y colaborar, de ahí la regla de oro: siempre responder con "Sí, y...".


Estar en una relación con un actor/comediante me ha enseñado que "Sí, y..." es más que una herramienta de improvisación; es un principio de vida. Solía estar programada para responder automáticamente con "no", un mecanismo de defensa reflejo que pensé me daba control. Pero la retrospectiva ha sido un lente claro, revelando los contratiempos autoinfligidos y las oportunidades perdidas que este hábito causó.


Reprogramar mi cerebro para adoptar "Sí, y..." no ha sido pan comido, pero estoy empezando a dominarlo. Noté una mejora significativa en mi apertura a las proposiciones de la vida.


Ahora podrías estar preguntándote, "¿Pero qué pasa si realmente necesito decir no?" Tenía la misma pregunta. No se trata de perder tu derecho a negarte; se trata de cómo fraseas esa negación. Hay sabiduría en el dicho, "Si puedes elegir entre ser amable y tener razón, elige siempre ser amable". Ese es el enfoque aquí: cuando necesitas decir no, lo dices pero con un giro más amable. Por ejemplo:


Opción A:


"¿Quieres ver una película conmigo ahora?" –
"No."

Opción B: "


¿Quieres ver una película conmigo ahora?"
"Sí, me encantaría ver una película contigo, pero no puedo en este momento, quizás más tarde."

Todavía estás declinando, pero en lugar de simplemente afirmar tu derecho a decir que no, estás eligiendo la amabilidad. Estás reconociendo el deseo de la otra persona mientras estableces tus límites. Así, la interacción permanece positiva y se consideran los sentimientos de todos.


Mi compromiso con esta mentalidad de "Sí, y..." es tan profundo, que lo he tatuado en mi piel como un recordatorio permanente—en francés, para un toque adicional de fineza.



El verdadero poder de "Sí, y..." me anonadó cuando lo apliqué con mi hija de tres años. Con ella, cada día era una guerra de poder, resultando en gritos, lágrimas y objetos voladores, hasta que mi pareja me recordó el principio de "Sí, y...".


😱¡OMG, si tienes hijos, prepárate para una revelación que revolucionará tu relación con ellos!


Este es el contraste en nuestros escenarios diarios:


Opción A:

Niña de 3 años: "Mamá, quiero galletas."
Mamá (sí, esa soy yo): "No, no puedes comer galletas de desayuno."
Niña de 3 años: (gritando) "¡Quiero galletas!"
Mamá: "No, no de desayuno."
Niña de 3 años: (ahora llorando y lanzando juguetes) "¡Quiero galletas ahora!"
Mamá (voz en aumento): "¡He dicho que no! Y si vuelves a lanzar algo, nunca más volverás a comer galletas."

Previsiblemente, esta era la receta para un tiempo terrible, nada bueno, muy malo.


Opción B:

Niña de 3 años: "Mamá, quiero galletas."
Mamá: "Sí, y tendrás una después del desayuno."
Niña de 3 años: "Pero las quiero ahora, antes del desayuno."
Mamá: "Sí, y en cuanto termine el desayuno, puedes tenerla."
Niña de 3 años: "La quiero ahora."
Mamá: "Sí, te entiendo, se que la quieres y después de comer, puedes tener esa galleta."

No hubo lágrimas, ni berrinches, ni juguetes por el aire—solo una negociación pacífica y una niña feliz que se sintió escuchada y una mamá que mantuvo su cordura.

Te invito a incorporar el "Sí, y..." en tu vida. Observa el cambio en la dinámica, la apertura de puertas y la paz de la amabilidad. Y cuando lo hagas, regresa y comenta, comparte con nosotros, con la tribu no solo los éxitos, sino también las lecciones aprendidas en el camino. A través de nuestras experiencias colectivas, difundamos el ethos influyente del "Sí, y...". Al hacerlo, no solo estamos cambiando el guion de nuestros diálogos; estamos reescribiendo la historia de nuestras interacciones para mejorarlas.


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