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Letters from the In-Between: quizá el dolor se convirtió en el regalo

  • hace 3 días
  • 3 Min. de lectura

I forgive you for not knowing then,

The wisdom you've acquired since when.


Though moments may have shamed your soul,

They shaped your journey and made you whole.

— Self-Absolution, Aligned



Sé lo sola que te sentías.


No solo emocionalmente sola.

Físicamente sola.


Sé lo que se sentía llegar a casa y sentirte invisible.

Querer conexión, atención, cariño… y no entender por qué era tan difícil recibirlo.


Sé cuánto deseabas sentirte elegida.


Y también conozco la historia que silenciosamente empezaste a contarte por eso.


Que quizá eras demasiado.

O no suficiente.

Muy emocional.

Difícil de amar.

Fácil de dejar sola.


Porque cuando eres niña, todavía no tienes la capacidad emocional para entender que tus padres también cargan sus propias heridas.


Se siente más seguro creer que algo está mal contigo que enfrentar la aterradora posibilidad de que las personas de las que dependes emocionalmente no pueden darte lo que necesitas por completo.


Entonces la niña crea significado de la única manera que puede: “Si soy mejor, más silenciosa, más fácil de amar… quizá finalmente voy a recibir el amor que tanto estoy buscando.”


Y entonces te adaptas.


Te vuelves fuerte.

Independiente.

Hipervigilante.

Cuidadosa.


Aprendes a sobrevivir la ausencia del amor que tanto anhelabas.


Pero en algún momento, la supervivencia se convirtió en identidad.


Y la niña que simplemente quería sentirse abrazada empezó a construir una vida alrededor de la creencia de que no era suficiente, de que no merecía, de que tenía que ganarse el amor, demostrar su valor haciendo, logrando y sobresaliendo… o aprender a sobrevivir sin necesitar demasiado de nadie.


Ojalá hubieras sabido entonces lo que sé hoy: Nada de eso significaba que no fueras digna de amor.


Tus padres también cargaban dolor.

Heridas.

Ausencia.


Y las personas solo pueden amar desde el nivel en el que ellas mismas fueron amadas.


Eso no borra el dolor.

Pero cambia la forma en la que lo sostienes.


Porque eventualmente dejas de mirar a tus padres solo desde los ojos de la niña herida… y empiezas a mirarlos con ojos de compasión.


Y extrañamente, esa compasión también empieza a sanarte a ti.


No porque lo que pasó haya estado bien.

No porque de pronto dejes de sentir tristeza por lo que necesitabas y no recibiste.


Sino porque perdonar suaviza las partes de ti que se habían endurecido desde hace tanto tiempo.


Perdonar libera el resentimiento.

Libera la vergüenza.

Libera la identidad que construiste alrededor de la herida.


Y poco a poco, empiezas a regresar a ti misma.


A la versión de ti que existía antes de que el dolor te convenciera de que tenías que ponerte todas esas máscaras para sobrevivir.


Hoy sé que sanar no se trata de fingir que el pasado no dolió.


Se trata de elegir no cargarlo para siempre.


Y quizá el regalo escondido dentro de todo esto es... saber que todo este dolor trasgeneracional puede terminar contigo.


Que puedes amar distinto.

Elegir distinto.

Criar a tu hija distinto.


Que puedes dejar de heredar el dolor.


Y quizá algún día mirarás hacia atrás todo lo que viviste y entenderás que todo ese dolor te transformó, pero no te rompió.


El perdón no cambia el pasado.

Libera el corazón que sigue cargándolo.



Lo que sé ahora


  • Los niños muchas veces se culpan a sí mismos porque eso se siente más seguro que aceptar que las personas de las que dependen no pueden darles lo que necesitan.

  • La compasión por nuestros padres puede convertirse en compasión por nosotros mismos.

  • Los patrones pueden acabar con nosotros.



Llévate esto contigo


Puedo honrarlo que me dolió sin cargarlo para siempre



Antes de irte…


¿Qué parte de tu dolor sigues cargando… que quizá ya no te pertenece?


Si sientes ganas de compartir, me encantará leerte en los comentarios.

 
 
 

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