Letters From the In-Between: los ecos del trauma
- 12 abr
- 1 min de lectura
quizá lo que duele tanto
no es solo lo que te pasó a ti
sino lo que les pasó a las personas antes que tú
y que sigue viviendo dentro de ti
los miedos que nunca se hablaron
las heridas que nunca sanaron
el amor que nunca se recibió
haciendo eco silenciosamente
a través de ti
Cuando nos negamos a mirar nuestro dolor, no termina con nosotros.
Lo que no sanamos no desaparece por arte de magia. Sigue viviendo.
En nuestro cuerpo.
En nuestra mente.
En las historias que nos contamos.
En los miedos que cargamos sin entender por qué.
Vive en la forma en que pensamos, en la forma en que amamos, en la forma en que reaccionamos, en la forma en que criamos. En lo que toleramos. En lo que evitamos. En lo que enseñamos a nuestros hijos sin siquiera darnos cuenta.
El dolor que se ignora no se queda quieto. Se transmite en silencio.
Hasta que alguien decide detenerlo.
Mirarlo.
Sentirlo.
Llorarlo.
Sanarlo.
Porque no solo nos debemos la sanación a nosotros mismos.
También se la debemos a los hijos que vendrán después de nosotros.
Lo que sé ahora
Sanar no es traicionar.
No estás traicionando a tu familia por nombrar lo que te dolió.
No estás traicionando a tus padres por elegir un camino diferente.
No estás traicionando al pasado por negarte a repetirlo.
A veces, amar se ve como romper el patrón.
Llévate esto contigo
Merezco sanar, y soltar lo que ya no me pertenece.
Antes de irte…
¿Qué patrón, herida o historia estás lista para dejar de cargar?
Si sientes ganas de compartir, me encantará leerte en los comentarios.

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