Letters From the In-Between: quizá nadie te enseñó qué crea tu realidad
- 31 may
- 3 min de lectura
Deep within my mind they start to brew,
The thoughts that shape the things I do,
They simmer and boil, a mental stew,
And spark the feelings that ensue.
So be mindful of each thought you hold,
And the emotions that unfold,
For the actions that you sow with zeal,
Will lead to outcomes that you'll feel.
— Mentalchemy, Aligned
Sé que te enseñaron a cuidar tu cuerpo.
Te enseñaron a no comer cualquier cosa que encontraras en el suelo.
A no aceptar dulces de desconocidos.
A lavarte las manos.
A revisar si algo estaba echado a perder antes de comerlo.
Pero déjame preguntarte algo.
¿Alguna vez alguien te enseñó a cuidar tu mente?
¿Alguna vez alguien te enseñó a ser tan cuidadosa con lo que entra a tus pensamientos como con lo que entra a tu cuerpo?
¿Alguna vez alguien te enseñó a cuestionar las ideas que otras personas depositaban dentro de ti?
¿Alguna vez alguien te enseñó que no todo pensamiento merece ser creído?
Porque la mente de un niño se parece mucho a un bebé.
Todo lo agarra.
Todo se lo lleva a la boca.
No sabe distinguir qué le nutre y qué le hace daño.
Por eso necesita que alguien esté atento.
Que alguien le quite de las manos lo que podría lastimarlo.
Y quizá nadie te enseñó que la mente funciona exactamente igual.
Las ideas también entran.
Las opiniones también entran.
Las creencias también entran.
Las cosas que escuchas en casa.
Las cosas que te dicen en la escuela.
Las cosas que aprendes en la religión.
Las historias que ves en la televisión.
Las voces que escuchas en internet.
Todo entra.
Y la diferencia es que cuando algo le hace daño a tu cuerpo, normalmente lo sabes rápido.
Te duele el estómago.
Te sientes mal.
La consecuencia es evidente.
Pero con la mente no funciona así.
Las ideas entran silenciosamente.
Y muchas veces pasan años antes de que descubras lo que hicieron.
Porque una idea se convierte en pensamiento.
Un pensamiento repetido se convierte en creencia.
Una creencia se convierte en identidad.
Y una identidad termina convirtiéndose en realidad.
Por eso tantas personas intentan cambiar su vida sin darse cuenta de que siguen alimentando las mismas creencias que crearon la realidad de la que quieren escapar.
Y quizá ahí está la pieza que faltaba.
No todo lo que piensas es verdad.
No todo lo que escuchas merece ser creído.
No todo lo que te enseñaron merece quedarse.
Algunas ideas necesitan ser cuestionadas.
Otras necesitan ser soltadas.
Y algunas nunca debieron haber encontrado un hogar dentro de ti.
Hoy entiendo que proteger mi mente es una de las formas más profundas de amor propio.
Porque la mente es un jardín.
No puedo controlar cada semilla que el viento trae.
Pero sí puedo decidir cuáles riego.
Cuáles cuestiono.
Y cuáles permito que echen raíces.
Porque al final, no todo lo que escuchas merece convertirse en una creencia.
Y no toda creencia merece convertirse en tu vida.
Tu realidad cambia cuando empiezas a cuidar aquello que la crea.
Lo que sé ahora
La mente también se alimenta.
Las ideas que consumes hoy pueden convertirse en las creencias que vivas mañana.
El discernimiento es una forma de protección.
Llévate esto contigo
Puedo elegir qué entra y qué permanece en mi mente.
Antes de irte…
¿Qué idea, creencia o mensaje has estado cargando durante años sin cuestionar si realmente es tuyo?
Si sientes ganas de compartir, me encantará leerte en los comentarios.

Comentarios